Santidad

Su conducta ante sus seguidores y su vida personal ha de ser impecable, intachable, digna de imitar. Eso debe ser requisito primordial a cumplir.

Su congregación debe mirarlo como una persona madura espiritualmente, consistente en todo momento entre lo que predica y lo que vive a diario y siempre dispuesto a atender las solicitudes y necesidades de su grupo.

El pastor tiene que ser el modelo de santidad que su rebaño quiere y necesita. Es por ello oportuno hacer referencia a Filipenses 4:9, el cual señala al respecto: Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”.

El pastor como ministro de Dios se hace eco de lo que siempre pregonó el apóstol Pablo cuando dijo que sus seguidores debían ser sus imitadores, tal y como él lo era de Jesucristo. Esto se narra en 1 Corintios 11:1.

Así lo debe demostrar en su vida de padre, de esposo, de familiares y amigos y de todos sus devotos, sin actos reprobatorios de su comportamiento que manchen su reputación.