MIÉRCOLES

NO TENGO TIEMPO

Me arrodillé para orar, pero no por mucho tiempo, tenía mucho que hacer.

Debería apurarme e ir a trabajar por las obligaciones que tenía que cumplir. El deber para con Dios había sido satisfecho. Mi alma estaba en paz.

A través del día, no tuve tiempo para decir una palabra de aliento, no tuve tiempo para hablar de Él a un amigo.

Temía mucho que se rieran de mí.

No tengo tiempo, no tengo tiempo, hay mucho que hacer.

Esa era mi constante queja: no tengo tiempo para dar a aquellos en necesidad.

Finalmente, llegó el tiempo de morir.

Cuando estuve frente al Señor, me presenté con ojos entrecerrados.

En sus manos sostenía un libro, era el LIBRO DE LA VIDA.

Él buscó en el LIBRO y dijo: No puedo encontrar tu nombre. Una vez lo iba a escribir, ¡pero nunca encontré el tiempo!

LA RISA EN LA BIBLIA

A quien podemos citar por aquí es al evangelista San Juan, que es el que más palabras de Jesús ha recordado. Este no resistió la tentación de contar una anécdota estupenda al respecto de la curación de un ciego de nacimiento. Claro, Jesús lo curó. Pero como el Maestro no andaba guiándose por interpretaciones absurdas de la ley, se dio el trabajo de curarlo en sábado. Y es que el sábado era un día en que, según los preceptos farisaicos, estaba prohibido realizar algún trabajo. Y curar a un enfermo era trabajo.

Así que, una vez curado, los fariseos llamaron al hombrecito para interrogarlo: "¿Quién te curó?". "¿Y cómo lo hizo?". El pobre ex ciego les contaba con mucha sencillez: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo" (Jn 9, 15). ¡Ja, ja, ja! ¡Así de sencillo! Ese hombre sí que no se hacía problemas para contar las cosas.

Los que sí se hacían problemas, en cambio, era los fariseos, pues estaban indignados y querían comprometer a Jesús como sea por el delito de hacer escándalo. ¡Incluso (y esto ya raya en la caricatura: parece un concurso de cabezas duras) llegaron a dudar de que hubiera sido ciego de verdad! Por eso la historia sigue con que llamaron a los padres del ciego para testificar.

Los viejos del ciego, sin embargo, no sabían nada y no se querían mojar. Así que de nuevo todo volvió a cero. Y los tercos fariseos volvieron a llamar al ex ciego. Y me imagino que este se comenzaba ya a impacientar...

Llega el ex ciego y le hacen las mismas preguntas de la otra vez. Y san Juan no se guarda para nada de contar todo lo exasperante que fue el momento, y cómo el pobre ex ciego se impacientaba y ya trataba a los fariseos como si nada. Si no, miren este diálogo (Jn 9, 24-30):

Lo llamaron por segunda vez [...] y le dijeron: "Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador". Les respondió: "Si es un pecador, no lo sé. Solo sé una cosa: que era ciego y ahora veo".

¡Ja, ja, ja! ¡Qué tal respuesta! ¡Súper práctico el tipo!

Le dijeron entonces: "¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?".

¿Se imaginan al ex ciego pensando?: "¡Caaara... cas! ¿Otra vuelta?". Y efectivamente, eso les dijo. Pero esta vez les soltó una puya:

"Se los he dicho ya, y no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo otra vez? ¿Es que quieren también ustedes hacerse discípulos suyos?".

¡Ja, ja, ja! Este tipo sí que era un vacilón. Y san Juan también, ¿vio?, por relatarnos toda la historia con lujo de detalles. Pero ahí no acaba todo. Porque los fariseos al oír esa respuesta, que definitivamente les sonó a burla, estallaron en cólera.

Ellos lo llenaron de injurias y le dijeron: "Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés".

"O, sí, qué miedo" debió de pensar el ex ciego. Los fariseos siguieron:

"Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ese no sabemos de dónde es".

Y nuestro amigo, siempre según nos lo presenta san Juan, se armó de valor y les espetó una frase soberbia, genial, que les terminó de dar la bofetada a los supuestos maestros de la religión, a los intérpretes de Dios, a quienes sabían todo sobre lo divino:

"Eso es lo extraño: que ustedes no sepan de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos".

¡Ja, ja, ja! ¡No, hombre, si ese ex ciego se las traía!: "Eso es lo extraño...", ¡ja, ja, ja! ¿Y san Juan? Vaya tipo: no se aguantaba contarla tal cual sucedió, ¡eh!

Y luego me dicen que la Biblia no tiene humor. ¡Por favor! No, hombre, si Dios debe de tener un sentido del humor formidable, y como Él la inspiró... A ver si nos pasa un poco, más bien, para hacer este blog más entretenido.

Una Sonrisa no cuesta nada y vale mucho. Una sonrisa no se compra, ni se presta. Una sonrisa enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la da.

Una cálida sonrisa hace que nos sintamos más cómodos y que sobrellevemos mejor la frustración y los desafíos. La Biblia recomienda: en Proverbios 3:27. Nodetengas el bien de sus dueños, Cuando tuvieres poder para hacerlo.

5 COSAS QUE NECESITAS SACAR DE TU CASA

En toda casa llegan los días de reorganizar, limpiar, acomodar y sacar todas aquellas cosas que se consideran innecesarias; durante el proceso podemos llegar a sentir que nada tiene sentido, pero una vez terminamos de hacerlo, nos damos cuenta de cuán necesarias son las limpiezas a profundidad.

Así como necesitamos asear nuestra casa físicamente, espiritualmente también necesitamos hacerle mantenimiento; necesitamos reorganizar cosas en nuestra familia, hacer cambios en nuestro entorno que si no se hacen a tiempo pueden llegar a destruirnos y llevarnos rumbo al fracaso.

Las 5 cosas que debemos sacar de nuestra casa:

1.- La contienda

Filipenses 2:3. Nada hagáis por contienda ó por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos á los otros. Hay hogares que están en permanente contienda, lugares en donde no se respira paz, sino una expectación constante de conflicto. Las contiendas no están allí porque sí, ellas son engendradas por las peleas infructuosas, tal como lo dice la Palabra: 2 Timoteo 2:23. Empero las cuestiones necias y sin sabiduría desecha, sabiendo que engendran contiendas.

La soberbia es el detonante en todas las peleas; este sentimiento incrementa el conflicto y divide a la gente, aun la misma familia. El mejor agente contra la contienda es la humildad, ella es capaz de sanar aun el corazón más herido y de unir a los que estaban distanciados.

El orgullo, la arrogancia y la soberbia también engendran contiendas. Proverbios 13:10Ciertamente la soberbia parirá contienda: Mas con los avisados es la sabiduría. «Así que, si hay muchos conflictos en tu casa debes examinarte, y determinar si hay soberbia, orgullo o altivez en tu vida. Ve a la oración y pídele a Dios que te ayude a proceder en humildad y a reconocer tus fallas».

2.- La ruina

Cuando hablamos de ruina nos referimos a la perdida de bienes que provoca gran empobrecimiento; el no tener nada o el carecer de todo. «Si sientes que hay ruina en tu casa debes desalojarla, y si no, no debes permitir que entre, y esto logras poniendo en práctica la Palabra de Dios» Lucas 6:49. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa.

Quien no tiene fundamentos sólidos y no vive según los principios bíblicos podrá tener muchas riquezas en la tierra (materiales) pero siempre va a correr el riesgo de perderlo todo y quedar en la ruina.  Otra de las cosas que también llevan a la ruina es el pecado, cuando alguien hace lo malo y no se aparta de ello, se dirige hacia su ruina segura. Ezequiel 18:30. Por tanto, yo os juzgaré á cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice el Señor Jehová. Convertíos, y volveos de todas vuestras iniquidades; y no os será la iniquidad causa de ruina.

Dios es el único que puede liberarte de la ruina su Palabra dice: Salmos 107:20. Envió su palabra, y curólos, Y librólos de su ruina.

3.- El enojo

Colosenses 3:8. Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca.

Cualquier buena relación puede verse afectada por sentimientos como la ira y el enojo. La ira, cólera, rabia, furia, enojo son emociones que se expresan a través de la irritabilidad. En la actualidad es común ver esposos, padres, hijos enojados los unos con otros, llenos de resentimientos, pero lo que muchos ignoran son las terribles consecuencias que estos sentimientos acarrean.

El enojo puede convertirse en una brecha que Satanás abre a en nuestra vida. Podemos llegar a convertirnos en instrumentos de maldad cuando nos encontramos en este estado. El enojo también trae enfermedades físicas y del alma, una persona enojada puede llegar a sufrir un infarto.

«Para sacar el enojo de nuestra vida debemos reconocer que lo tenemos e identificar su origen, una vez hecho esto, la mejor salida es la tolerancia y el perdón» Efesios 4:26-27. 26 Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; 27 Ni deis lugar al diablo.

4.- Palabras destructivas

Colosenses 3:8. Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca.

Efesios 5:4. Ni palabras torpes, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias.

Dios toma nuestras palabras muy enserio, y nosotros también debemos hacerlo, no olvidemos que por toda palabra ociosa vamos a dar cuenta ante el tribunal de Cristo. Hay palabras que debemos sacar de nuestra vida y otras que debemos atesorar y poner en práctica, como lo son las palabras de gratitud, amabilidad, honra… en fin, toda palabra que sea buena. Recordando siempre que hay poder en lo que decimos.

5.- El desamor

Dios dice en su Palabra: Colosenses 3:19. Maridos, amad á vuestras mujeres, y no seáis desapacibles con ellas. También les aconseja a las mujeres que aprender a amar a sus esposos e hijos. Tito 2:4. Que enseñen á las mujeres jóvenes á ser prudentes, á que amen á sus maridos, á que amen á sus hijos. A los hijos y los hermanos les aconseja a que permanezcan en el amor fraternal. Hebreos 13:1. PERMANEZCA el amor fraternal.

La base de todo es el amor, una casa en donde no hay amor no prospera. El amor nos ayuda a convivir entre todos cuidándonos, sirviéndonos, ayudándonos, interesados todos por el bienestar de cada uno y sobre todo perdonándonos.

1 Pedro 4:8. Y sobre todo, tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá multitud de pecados. Puede faltar en nuestra casa cosas materiales, pero lo que nunca puede faltar es el amor.