HÉROES ANÓNIMOS

HÉROES ANÓNIMOS

CONTINUARÉ ORANDO

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.

En una ocasión cuando John Bunyan estaba tratando de orar, el tentador le sugirió: «Que ni la misericordia de Dios ni la sangre de Cristo tenían que ver con él, ni podían ayudarle a causa de sus pecados, por lo tanto era en vano orar.
Sin embargo, él se dijo dentro de sí: «Yo continuaré orando.» El tentador le dijo: «Tu pecado es imperdonable.» «Bien -replicó él-, yo oraré.»
Así que empezó a orar de esta forma: «Señor, Satanás me dice que ni tu misericordia ni la sangre de Cristo son suficientes para salvar mi alma; Señor, ¿cómo te honraré más, si creo que tú no me echarás fuera, o creyendo lo que el tentador me dice? Señor, yo creo que tú no quieres ni puedes hacerlo, por tanto continuaré honrándote, creyendo que puedes, si quieres.»
Y mientras hablaba así, como si alguien me hubiese dado un golpe en la espalda, vino a su mente la palabra de la Escritura: «¡Oh hombre, grande es tu fe!»

CESE DE ORAR Y CREA EN JESÚS

Cese de orar y crea en Jesús

Durante un rápido deshielo de uno de los ríos de América un hombre quedó en una de las piezas de hielo que todavía no se había separado de la masa grande. Sin embargo, en su terror, no lo veía, sino que se arrodilló y empezó a orar a Dios en voz alta que lo librase.
Los espectadores que se hallaban a la orilla les gritaron a grandes voces: «Hombre, cese de orar y traspase la grieta, que se está abriendo. Venga a la orilla.» Así podríamos decir a algunos: «Cese de orar y crea en Jesús.»

ORE POR MÍ

El Señor le manda creer en Cristo, y si usted no lo hace, sino que persiste haciendo a Dios mentiroso, usted se perderá, y lo tendrá bien merecido.

¡Señor, yo puedo creer!, ¡yo creo, y soy salvada!

Una inquiridora ansiosa a quien yo había explicado claramente el gran mandato del Evangelio: «Cree en el Señor Jesús», resistía constantemente mis esfuerzos para llevarla a Cristo.
Por último exclamó: «¡Ore por mí, ore por mí!» Quedó muy sorprendida cuando le repliqué: «No lo haré de ninguna manera. Yo he orado por usted antes; pero si usted rehúsa creer la Palabra del Señor, no veo por qué debo orar por usted.
El Señor le manda creer en Cristo, y si usted no lo hace, sino que persiste haciendo a Dios mentiroso, usted se perderá, y lo tendrá bien merecido.» Esto la trajo a razón.
Me pidió que le explicara de nuevo el camino de la salvación, lo escuchó atentamente y, como un niño, su rostro se iluminó al exclamar: «¡Señor, yo puedo creer!, ¡yo creo, y soy salvada! Gracias por haber rehusado confortarme en la incredulidad.» Luego, añadió suavemente: «Y ahora, ¿no orará por mí?» Naturalmente que lo hice y nos regocijamos juntos de que podía ofrecer la oración de fe.

LA INESTABILIDAD DE LA FAMILIA

Las víctimas más vulnerables de la inestabilidad de la familia son los hijos que son demasiado pequeños para entender lo que les ha sucedido a sus padres.

Las víctimas más vulnerables de la inestabilidad de la familia son los hijos

La inestabilidad de la familia afecta a todos; especialmente a los hijos.
. . . las víctimas más vulnerables de la inestabilidad de la familia son los hijos que son demasiado pequeños para entender lo que les ha sucedido a sus padres.
Ese trágico impacto en la próxima generación me fue ilustrado gráficamente en una conversación reciente con una maestra de sexto grado en una ciudad pudiente de California.
Ella estaba estupefacta al ver los resultados de una tarea de composición creativa que les dio a sus alumnos.
Se les pidió completar una frase que empezaba con las palabras: “Quisiera.” La maestra esperaba que los muchachos y muchachas expresaran que deseaban bicicletas, perros, aparatos de televisión, y viajes a Hawái.
Más bien, veinte de los treinta alumnos hicieron referencia en sus respuestas a sus propias familias que se desintegraban.
Unas pocas de sus frases reales son las que siguen:
“Quisiera que mis padres no pelearan, y quisiera que mi padre volviera.”
“Quisiera que mi madre no tuviera un amante.”
“Quisiera tener calificaciones sobresalientes para que mi papá me quiera.”
“Quisiera tener sólo una mama y un papá para que los chicos no se burlen de mí. Tengo tres mamás y tres papás, y ellos arruinan mi vida.”
“Quisiera tener una ametralladora M-1 para poder matar a los que se burlan de mí.”

LA EMPRESA MÁS IMPORTANTE: LA FAMILIA

Ninguna empresa es más importante que cultivar una familia consagrada. Christiaan Barnard cuenta su triste historia en su libro One Life(Una vida)

Ninguna empresa es más importante que cultivar una familia consagrada. Christiaan Barnard cuenta su triste historia en su libro One Life(Una vida):
Fue una brillante mañana de abril cuando salí de Minneapolis. Parecía un siglo desde que había llegado allá, un tiempo más largo que todos los años anteriores.
En Nueva York puse el carro en un barco y tomé un avión para Cape Town. Un viento del noroeste soplaba cuando llegamos por sobre el mar con las olas por debajo.
Mi esposa estaba allí con los hijos. Yo no había escrito mucho en los últimos dos meses, sin embargo no estaba preparado para su saludo. “¿Por qué volviste?” Ya no había sonrisa en sus ojos. Ay, Dios, pensé, he cometido la más terrible equivocación de mi vida. “No te sorprendas,” dijo ella.
“Ya nos habíamos dado por vencidos en cuanto a ti. Decidimos que no ibas a volver.” Yo respondí: “Fue sólo una pequeña demora. Escribí al respecto.”
“No, tú escribiste diciendo que no venías a casa.” “Estábamos fabricando válvulas, válvulas de la aorta,” él respondió.
“No; estabas construyendo una familia. Eso es, hasta que la echaste sobre mis faldas,” respondió ella con amargura. “Hemos dejado de existir para ti.”
Yo quería decir que volvía porque quería a mis hijos, y que pensaba que la quería a ella. Lo quería porque lo sentía, pero qué podría decir ahora para que no sonara sin sentido.