GRACIAS A DIOS QUE LLEGO EL MES DE NUESTRA CONVENCIÓN REGIONAL LOS DÍAS 29 Y 30

EL SEÑOR ES MI REY, MI TODO

EL PERDÓN ES TRANSFORMADOR

Efesios 4:32. Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.

Dios transforma a quiénes perdonan y son perdonados

Pedir perdón cuando hacemos mal, perdonar sí alguien nos hirió ¿es fácil? ¿Significa no quererse a uno mismo? ¿Es vital? No, no y si.

Es vital no llenarnos de rencor y sanar todo lo que pueda ser sanado. El perdón existe con un fin transformador. En donde antes había oscuridad el perdón viene a ser una luz que nos tranquiliza para seguir. Sin embargo, a pesar de que somos perdonados todos los días por Dios, a veces nos olvidamos de perdonar.

Amarnos a nosotros mismos consiste en ser empáticos para dar y pedir perdón. No nos hace menos inteligentes, todo lo contrario, el perdón es sabiduría.

Perdón para sanar. Proverbios 28:13.El que encubre sus pecados, no prosperará: Mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.

Sí sabemos que hicimos mal, no podemos regresar en el tiempo y cambiar nuestra actitud. Lo que sí podemos hacer es cambiar hoy, pero sin un arrepentimiento previo es imposible hacerlo. El perdón existe cuando es humilde y honesto.

¿Qué te impide no pedir perdón a Dios, a tu hermano ó a ti mismo? Hay tantas respuestas y todas recaen en el orgullo. Pedir perdón es saber que te equivocaste, que erraste, pero que estás dispuesto a ser transformado.

Jehová nos asegura que él tiene el poder de hacernos de nuevo. Nos perdona con alegría, porque estamos en camino de avanzar junto a él y no ser los que éramos.

María Magdalena: transformada por el perdón.

María Magdalena llevaba consigo pecados y mala fama. Fue perdonada a pesar del mal que había hecho. Aunque no era grata en ningún sitio, gracias a su actitud, Jesús la recibió amorosamente, dando para ella una nueva oportunidad.

La Biblia nos cuenta que ella lo primero que hizo al ver a Jesús fue arrodillarse arrepentida a pedir piedad. Sabía que necesitaba del Padre y fue movida por un amor inmenso qué causó un perdón igual de grande.

La historia de María Magdalena nos enseña que a pesar del pecado, Dios está dispuesto a perdonarnos. En la medida en la que expresemos ese deseo de transformación, seremos perdonados.

Ella deseaba soltar su pasado y aunque quizá el mundo la mirara mal y no la perdonara, consiguió el perdón mas valioso de todos, el de Jehová.

Perdonar para continuar. Lucas 6:37.No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.

Es doloroso cuando alguien nos falla y nos decepciona. ¿Hemos hecho esto con Dios? Probablemente si y aun así, él nos asegura perdón. ¿Quiénes somos nosotros para no perdonar?

Hermanos, en éste mundo ocupamos menos de una baldosa, negar el perdón a alguien, es olvidarnos de ese detalle. No estamos aquí para ejercer juicios vacíos, ni para condenar. Nos corresponde hacernos cargo de la obra de Dios y eso significa tener un corazón listo para perdonar.

Perdonar es un escudo ante el rencor. Sí llevamos en nuestros hombros una mochila de perdones no concedidos, posiblemente nos será difícil avanzar. El rencor es un peso que hunde, nosotros como hijos de Dios, debemos estar preparados para continuar.

Nuestra meta es la vida eterna. No podemos aspirar a ella con perdones que no aceptamos, con heridas que quedaron abiertas por orgullo y egoísmo. El amor solo es aceptable cuando perdona, porque no existe persona en la tierra que no haya fallado.

El mismísimo Padre, nos recibe con brazos abiertos. Lo hizo con María Magdalena y está dispuesto a hacerlo con todos nosotros. Ser cristianos es tener un corazón humilde como el de Magdalena y estar dispuesto a humillarnos en pos de la salvación.

Para continuar en el camino de Dios y cada día estar más cerca de él, ayudémonos mutuamente y jamás neguemos o dejemos de pedir perdón. Solo después de esto conseguimos verdadera transformación.