FELIZ Y BENDECIDO JUEVES

LAS SIETE REGLAS DEL GALLO

No digas nunca que no sirves, para Dios todos sirven (aunque no todos para lo mismo). Si Dios pudo usar un simple gallo para recuperar un misionero como Pedro, también puede usarte a ti.

Sigue sencillamente las 7 reglas del gallo:

1- El gallo se levanta temprano e inmediatamente emprende su tarea (que Dios le ha confiado).

2- El gallo no se niega a cantar porque existan ruiseñores. Hace lo que puede, lo mejor que sabe.

3- El gallo sigue cantando, aunque nadie lo anime ni se lo agradezca. En realidad, no espera que nadie lo haga.

4- El gallo despierta a los que duermen. Su tarea es impopular, pero necesaria.

5- El gallo proclama buenas noticias: Acaba de amanecer. Ante ti tienes por estrenar un nuevo día, lleno de magníficas oportunidades.

6- El gallo es fiel cumplidor de su tarea. Se puede contar con él. No falla nunca. Es un excelente centinela.

7- El gallo nunca se queja de tener que hacer siempre lo mismo, de que nadie le felicite o de que a nadie le importe.

Colosenses 3:23. Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no á los hombres.

Ángeles - Arcángeles

Las palabras «malac» (heb.) y «angelos» (gr.) significan «mensajero».
 Se designan así los seres espirituales inteligentes un poco superiores al hombre (cp. Sal. 8:6; He. 2:7), que son mencionados constantemente en las Escrituras como mensajeros de Dios, tanto como portadores de buenas nuevas como ejecutores de los juicios de Dios. Poco es lo que sabemos de su naturaleza: «Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego» (He. 1:7). Hay evidentes gradaciones de rango entre ellos, descritas como principados y potestades, de los que Cristo, como Hombre, es ahora la Cabeza (Col. 2:10). En dos ocasiones nos encontramos con «arcángel».La voz de un arcángel acompañará el arrebatamiento de la iglesia (1 Ts. 4:16). El arcángel Miguel luchó con satanás sobre el cuerpo de Moisés (Jud. 9). Él con sus ángeles luchará contra el dragón y sus ángeles, arrojándolos fuera del cielo (Ap. 12:7, 8). Gabriel es el único otro nombre de un ángel que nos haya sido revelado en las Escrituras; se apareció a Daniel, a Zacarías y a María; dijo que estaba en la presencia de Dios (Dn. 8:16; 9:21; Lc. 1:19, 26).
 Aunque no somos conscientes de la presencia de los ángeles, sabemos que son espíritus ministradores enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación (He. 1:14; cp. Sal. 34:7). También sirvieron al Señor mientras Él anduvo aquí abajo (Mt. 4:11; Mr. 1:13; Lc. 22:43). Hay «miríadas» de estos ángeles (Mt. 26:53; He. 12:22; Ap. 5:11), y son descritos como «poderosos», «santos», «escogidos» (2 Ts. 1:7; Mr. 8:38; 1 Ti. 5:21); no se casan (Mr. 12:25). No se nos dice cuándo fueron creados, pero es indudable que son ellos los mencionados como los «hijos de Dios» que clamaban gozosos cuando Dios creaba la tierra (Jb. 38:4-7).
 La Ley fue dada por ministerio de los ángeles (Hch. 7:53; Gá. 3:19; Sal. 68:17); participaron en la proclamación del nacimiento del Salvador  (Lc. 2:8-14); se hallaron presentes en la Resurrección (Mt. 28:2; Jn. 20:12). Los ángeles no son los depositarios de la revelación ni de los consejos de Dios. El mundo venidero no será puesto en sujeción a ellos, sino bajo el hombre en la persona del Hijo del hombre "JESUS" (He. 2:5-8), y los santos "el hombre redimido" juzgarán a los ángeles  (1 Co. 6:3). Es por ello tan sólo una falsa humildad la que enseñaría a dar culto a los ángeles (Col. 2:18). Cuando Juan se postró para adorar al ángel en la isla de Patmos, abrumado por las cosas que le habían sido reveladas, fue refrenado en dos ocasiones de adorar al ángel, su «consiervo» (Ap. 19:10; 22:9).
 
 El ángel de Jehová
 Todo ángel que Dios envía a ejecutar sus órdenes pudiera ser llamado el ángel del Señor (2 S. 24:16; 1 R. 19:5, 7). Pero el misterioso ser llamado «el Ángel de Jehová» es de un orden totalmente distinto. Es a la vez distinto y uno con Dios, siendo semejante a Él. Habla como siendo el mismo Dios y su persona parece confundirse con la de Dios (Gn. 16:7, 10; 18:10, 13-14, 33; 22:11-12, 15-16; 31:11, 13; Éx. 3:2, 4; Jos. 5:13-15; 6:2; Jue. 6:12-22; 13:13-22; Zac. 1:10-13; 3:1-2).
 El ángel de Jehová revela la faz de Dios (Gn. 32:30); el nombre de Jehová está en él (Éx. 23:21), y su presencia equivale a la presencia divina (Éx. 32:34; 33:14; Is. 63:9). Su nombre es «admirable» (Jue. 13:18), que se vuelve a encontrar en la profecía de Is. 9:6 aplicada al Mesías: «Y se llamará su nombre: Admirable» (el mismo término también en hebreo).
 De todo ello se puede llegar a la conclusión de que el Ángel de Jehová es una verdadera «teofanía», o aparición de Dios. Jehová mismo es invisible, y nadie lo ha podido ver jamás (Éx. 33:20; Jn. 1:18; 1 Ti. 6:16). Es el Hijo Unigénito quien lo ha manifestado, y ello no solamente por su encarnación en el NT, sino ya en el AT por sus apariciones como el Ángel de Jehová. Así se armonizan los textos en base a los cuales por una parte nadie puede ver ni ha visto jamás a Dios, y por otra parte aquellos textos en base a los cuales creyentes del AT tuvieron un encuentro real con Dios (Gn. 32:30; Éx. 24:9; cp. Hch. 7:38; fue el Ángel que se apareció a Moisés, etc.).
 Citemos también al profeta Zacarías (Zac. 3:1-5), donde el Ángel de Jehová interviene como lo hace Cristo, nuestro Abogado, para defender a Josué, que estaba siendo acusado por Satanás ante Dios (cp. Ap. 12:10; 1 Jn. 2:1-2). Es indudablemente también el «ángel fuerte» de Apocalipsis (Ap. 10:1-3).
 En conclusión podemos decir que el Ángel de Jehová es el mismo Hijo de Dios antes de su encarnación.

Ángeles Caídos
 Leemos de ángeles que «no guardaron su propia dignidad», sino que dejaron su propia morada, y están guardados, bajo oscuridad, en cadenas eternas para el juicio del gran día (Jud. 6). Dios no perdonó a los ángeles que pecaron (2 P. 2:4). No pueden beneficiarse de la obra redentora de Cristo (He. 2:16). Parece haber para ello dos razones: aquellos ángeles que han pecado lo han hecho a la plena luz de Dios, y son totalmente responsables de una apostasía voluntaria y arrogante, no habiendo nacido como nosotros en pecado como la raza humana. La naturaleza de su pecado puede estar tratada en Génesis (Gn. 6:2).
 Además de los anteriores que están guardados encadenados, leemos de ángeles relacionados con Satanás. El gran Dragón y sus ángeles serán sometidos por Miguel y sus ángeles y arrojados del cielo (Ap. 12:9). El lago de fuego, o Gehena, ha sido especialmente preparado para el diablo y sus ángeles. Desdichadamente, muchos hombres serán también arrojados allí (Mt. 25:41). Abadón o Apolión es el nombre de «el ángel del abismo» (Ap. 9:11). Ciertos pasajes de las Escrituras (Is. 14:12-16; Ez. 28:14-19) pueden arrojar algo de luz sobre la caída de Satanás, pero no se revela si la caída de aquellos que reciben la denominación de «sus ángeles» fue debida a la misma causa y si fue al mismo tiempo o no. La Escritura muestra con toda claridad que todos ellos serán vencidos y eternamente castigados.
 
 Querubines
 Guardianes puestos al este del Edén para impedir que Adán y Eva pudieran llegar al árbol de la vida después de su caída y expulsión del paraíso (Gn. 3:24).
 Cuando se construyó el arca del Tabernáculo, se pusieron dos querubines formando una sola pieza con la cubierta, dispuestos cara a cara, uno a cada extremo, y cubriéndolo con sus alas (Éx. 25:18-20; 37:7-9;). Eran un símbolo de la presencia del Señor y de la distancia que lo separa del pecador; su gloria se manifestaba entre los querubines (Lv. 16:2). Dios moraba así en medio de su pueblo; Jehová estaba presente en el Tabernáculo para recibir la adoración (Éx. 25:22; Lv. 1:1). Son numerosos los pasajes que hacen alusión a la presencia de Jehová entre los querubines (Nm. 7:89; 1 S. 4:4; 2 S. 6:2; 2 R. 19:15; Sal. 80:2; 99:1; Is. 37:16). Había figuras de querubines bordadas sobre los tapices del Tabernáculo (Éx. 26:1). El Templo de Salomón, mucho más espléndido, tenía dos gigantescos querubines. Su altura era de 10 codos, o casi 5 m., y la envergadura del arco formado por las dos alas era de 10 m. Estos querubines, de madera de olivo, estaban cubiertos de oro (1 R. 6:23-28; 8:7; 2 Cr. 3:10-13; 5:7, 8; He. 9:5). Había querubines, además de palmeras y flores abiertas, esculpidos alrededor de los muros del Templo (1 R. 6:29).
 A orillas del Quebar, Ezequiel tuvo una visión de querubines. Cada uno de ellos tenía cuatro rostros y cuatro alas (Ez. 10:1-22; cfr. 9:3). Estos querubines parecen idénticos a los cuatro seres vivientes que el profeta había visto anteriormente; los cuatro rostros eran: de hombre, de león, de buey y de águila (cfr. Ez. 1:5-12 y 10:20-21). Los querubines eran portadores del trono de Jehová (Ez. 1:26-28; 9:3).
 El apóstol Juan da, en Apocalipsis, la descripción de cuatro seres vivientes con rostros semejantes a los de estos cuatro querubines (Ap, 4:6, 9).

Serafines
 Ser celestial visto por Isaías ante el Señor en su trono. Cada uno de ellos tenía tres pares de alas: con un par cubría su cara, en muestra de reverencia; con otro cubría sus pies, en muestra de humildad; con el otro par volaba para cumplir su misión.
 Ellos clamaban uno a otro: «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.»
 La distinción entre querubín y serafín parece ser que, en tanto que éstos dan testimonio de la santidad de Dios (esto es, de su naturaleza), aquellos exhiben los principios de su justo gobierno sobre la tierra. Los «seres vivientes» de Ap. 4 combinan las características de querubín y serafín.

Los ángeles son criatura que están sometidos a DIOS por voluntad propia y dispuestos a cumplir obedientemente la voluntad de DIOS; también vemos bien claro en la Biblia que esta prohibido por DIOS la adoración y la veneración de los ángeles, no existe ninguna base bíblica para decir que hay ángeles asignados para nosotros (Ángel de la Guarda), pero bien es cierto que hay ángeles para servir a los redimidos del SEÑOR. Los ángeles no pueden ser ejecutores de milagros solo de obedecen la misión que DIOS les encomienda.