DOMINGO

PERMANECIENDO EN LO ALTO, EN EL ARBOL DE MANZANAS

Las mujeres somos como manzanas en los árboles...
 Las mejores están en la copa del árbol.

Los hombres no quieren alcanzar las mejores, porque tienen miedo de caer y herirse.
 En cambio, toman las manzanas podridas que han caído a tierra y que, aunque no son tan buenas, son fáciles de alcanzar.
 Así que las manzanas que están en la copa del árbol piensan para si, que algo esta mal con ellas, cuando en realidad, "Ellas son grandiosas".
 Simplemente tienen que ser pacientes y esperar a que el hombre correcto llegue, aquel que sea lo suficientemente valiente para trepar hasta la cima del árbol por ellas.
 No nos caigamos para ser alcanzadas, quien nos necesite y quiera harán TODO para alcanzarnos....
 La mujer salió de la costilla del hombre, no de los pies para ser pisoteada, ni de la cabeza para ser superior. Sino del lado para ser igual, debajo del brazo para ser protegida, y al lado del corazón para ser amada...

POR FAVOR, DIOS MÍ . . . ¡SOLÓ TENGO 17 AÑOS!

El día de mi muerte, fue tan común como cualquier día de mis estudios escolares.

Hubiera sido mejor que me hubiera regresado como siempre en el autobús, pero me molestaba el tiempo que tardaba en llegar a casa.

Recuerdo la mentira que le conté a mamá, para que me prestara su automóvil; entre los muchos ruegos y súplicas, dije que todos mis amigos manejaban y que consideraría como favor especial si me lo prestaba.

Cuando sonó la campana de las 2:30 de la tarde para salir de clases, tiré los libros al pupitre porque estaría libre hasta el otro día a las 8:40 de la mañana; corrí eufórico al estacionamiento a recoger el auto, pensando sólo en que iba a manjear a mi libre antojo.

¿Cómo sucedió el accidente? Esto no importa. Iba corriendo con exceso develocidad, me sentía libre y gozoso, disfrutando el correr del auto. Lo último que recuerdo es que rebasé a una anciana, pues me desesperó su forma tan lenta de manejar.

Oí el ensordecedor ruido del choque y sentí un tremendo sacudimiento . . . Volaron fierros y pedazos de vidrio por todas partes; sentía que mi cuerpo se volteaba al revés y escuché mi propio grito.

De repente desperté. Todo estaba muy quieto y un policía estaba parado junto a mi. también vi a un doctor. Mi cuerpo estaba destrozado y ensangrentado, con pedazos de vidrio encajados por todas partes. Cosa rara, no sentía ningún dolor.

¡Hey! No me cubran la cabeza con esa sábana. ¡No estoy muerto, sólo tengo 17 años! Además, tengo una cita por la noche. Todavía tengo que crecer y gozar una vida encantadora . . . ¡No puedo estar muerto!

Después me metieron a una gaveta. Mis padres tuvieron que identificarme. Lo que más me apenaba es que me vieran así, hecho añicos.

Me impresionaron los ojos de mamá, cuando tuvo que enfrentarse a la más terrible experiencia de su vida. Papá envejeció de repente cuando le dijo al encargado del anfiteatro: “Si . . . este es mi hijo”.

El funeral fue una experiencia macabra. Vi a todos mis parientes y amigos acercarse a la caja mortuoria. Pasaron uno con los ojos entristecidos; algunos de mis amigos lloraban, otros me tocaban las manos y sollozaban al alejarse.

¡Por favor, alguien que me despierte! Sáquenme de aquí, no aguanto ver inconsolables a papá y mamá. La aflicción de mis abuelos, apenas les permite andar . . . mis hermanas y hermanas parecen muñecos de trapo. Pareciera que todos estuvieran en trance. Nadie quiere creerlo, ni yo mismo.

¡Por favor, no me pongan en la fosa! Te prometo Dios mío, que si me das otra oportunidad seré el más cuidadoso del mundo al manejar. Solo quiero una oportunidad más.

Por favor, Dios mío . . . ¡Sólo tengo 17 años!

Anónimo

Una Sonrisa no cuesta nada y vale mucho. Una sonrisa no se compra, ni se presta. Una sonrisa enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la da.

Una cálida sonrisa hace que nos sintamos más cómodos y que sobrellevemos mejor la frustración y los desafíos. La Biblia recomienda: en Proverbios 3:27. Nodetengas el bien de sus dueños, Cuando tuvieres poder para hacerlo.

«DIOS SIGUE SIENDO DIOS»

Aunque las cosas no salgan como las estamos esperando, debemos entender que Dios sigue siendo Dios y que Él no ha cambiado. Hebreos 13:8. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

Hay muchos cristianos que han partido de esta tierra esperando un milagro que nunca llegó. Es por ello, que muchos se preguntan si el mismo Dios que sanaba en el Antiguo y Nuevo Testamento sigue haciendo milagros hoy.

La verdad es que Dios no puede cambiar, pues dice Su palabra que no hay sombra de variación en Él. Santiago 1:17. Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Es por lo que Él sigue teniendo el poder para sanar, proveer, restaurar, cambiar, transformar… En fin, todo lo que podamos necesitar está en sus manos y sólo Él decide cuando entregárnoslo.

Los grandes milagros que observamos en la Palabra, fueron provenientes de personas con una fe impresionante. Como lo es caso de la mujer del flujo de sangre, quien hizo todo su esfuerzo y metiéndose entre la multitud logró tocar el manto del Maestro, porque ella creía de antemano que tan solo un toque la podía sanar.

Así como ella, muchos personajes bíblicos tuvieron una fe enorme y por ello recibieron su milagro. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿Será que nosotros somos como aquellos hombres y mujeres que nos muestra la Biblia? Personajes llenos de coraje, de ímpetu y poder de lo alto, con una fe aguerrida, capaz de arrebatar sus bendiciones.

Es necesario que nosotros como hijos de Dios aprendamos de estos grandes hombres y mujeres de fe, que vayamos a la presencia del Señor en busca de nuestros milagros y que podamos entender que suceda lo que suceda Dios sigue siendo Dios y si en su soberanía no nos ha entregado alguna cosa, es porque Él sabe que es lo mejor para nuestras vidas.

Así que, aunque no entendamos el porqué de las situaciones, debemos ser agradecidos porque Dios tiene el control de todas las cosas.

Jeremías 29:11. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.