BENDECIDO MARTES

HOY SERÉ UNA VASIJA CONFORME A SU DESEO

Jeremías 18:4. Y el vaso que él hacía de barro se quebró en la mano del alfarero; y tornó é hízolo otro vaso, según que al alfarero pareció mejor hacerlo.

Según le pareció –

¿Se despertó está mañana? Naturalmente que sí.

La primera cosa que debería haber pasado por su mente al abrir sus ojos sería esto: Dios no ha terminado aún conmigo.

El hecho que aún usted esté vivo es una prueba muy positiva de que Dios aún no ha terminado de darle forma a tu vida.

Un promedio de ciento cincuenta y tres mil personas terminaron ayer de estar en la rueda del alfarero. De hecho, antes de que termines de leer esta reflexión otros 321 morirán.

Dios decidió que hoy tú estuvieras aún en las manos del alfarero porque Dios te ha considerado digno de rehacerte. Esta es una noticia digna de celebrarse.

Naturalmente, hay otra faceta en el encuentro de Jeremías con el Alfarero. Lo obvio es que tú no eres el Alfarero. Tú no puedes decidir qué clase de vasija vas a ser, pero si decidirás cuanto se va a lograr en el proceso de reconstrucción.

Usted puede mirar la obra divina que le está dando forma hoy o simplemente ser ciego a lo largo del camino de la vida hasta llegar a ser uno más de los 153.000 que mueren cada día. Yo, personalmente, hoy escojo ver la mano de Dios trabajando en mi vida.

Yo quiero que él me reconstruya para hacer una diferencia. Si mañana aún estoy vivo, yo usaré lo que he aprendido de la mano del Alfarero hoy.

La Palabra Hebrea que se usa en este verso para “según le pareció” nos ayuda a ver la imagen de la decisión soberana de Dios es “yashar”, es un verbo que significa: “derecho, recto o agradable.”

Este verbo tiene un uso tanto físico como ético. De hecho es a menudo usado en descripciones que tienen que ver con justicia. Dios no está haciendo de nosotros vasijas simplemente justas o rectas, pero él está haciendo vasijas que lo complacen o le agradan a él y él se siente muy complacido cuando sus vasijas reflejan su carácter.

De la misma manera como un famoso artista o artesano lo hace, Dios coloca su firma con estilo en nosotros, y su firma es reconocida por todos. Porque tú eres la vasija de Dios, tú eres como la mano de quién te hizo y hasta que tú no reflejes esa mano, el proceso de reconstrucción de tu vida continuará.

Bienvenido al día de las Vasijas que complacen al Alfarero.

Señor, Gracias por la obra tuya en mi vida hoy. Tú eres el Alfarero y yo tu vasija. Trabaja en mí hoy hasta que se refleje tu mano en cada detalle de mi vida.  Gracias por amarme.

PARÁBOLAS DE JESÚS

La Parábola de la Oveja Perdida Mateo 18: 10-14

10 Mirad no tengáis en poco á alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos. 11 Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. 12 ¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, á buscar la que se había descarriado?

13 Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquélla, que de las noventa y nueve que no se descarriaron. 14 Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.

La Parábola del Hijo Pródigo Lucas 15:11-32

11 Y dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12 Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda. 13 Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar. 15 Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos. 16 Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ­Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, ¡y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.

21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies. 23 Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: 24 Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse. 25 Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas; 26 Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello. 27 Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo. 28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. 29 Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: 30 Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso. 31 El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 32 Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.